A ver esas manos.
¿Por qué las afirmaciones tienen que ser tan, pero tan categóricas? ¿Por qué han de excluir forzosamente alguna otra opción? ¿Por qué toda positividad genera automáticamente un contrario a su medida, tanto más temible y poderoso cuanto más ambiciosa aquella? ¿Se conformaría una pregunta con serlo? ¿Puede una pregunta ser sólo una pregunta, o siempre es, ha de ser, una forma más o menos embozada de ofrecer una respuesta? ¿Es demasiada ingenuidad?
La actualización no deja de ser previa a su potencialidad cuando el espacio no funciona más que como metáfora del submundo (tampoco es que esté por debajo, más bien en los cruces, esperando en un tiempo metafórico a su vez, en metáforas que están más allá de toda regla de similitud o [podríamos decir "y", conjunción o copulación tienen ese mismo nulo valor, esa misma carencia de funcionamiento] diferencia); esto es, en las trampas reversibles que están en todas partes a la vez y que han saltado aun antes de ser puestas.
A ver esas manos.