1. El nihilismo no es un estado de ánimo. No es psicológico. No es mental ni corporal. No tiene nada que ver con el “hombre”. Justamente es ese no tener nada que ver lo que le convierte en nihilismo.
2. El nihilismo no es un estado “histórico”, esto es, temporal, contextual, epocal. Al nihilismo no se llega, como tampoco se sale de él. No hay decadencia ni utopía que le afecten, ni Eras Doradas ni Sodomas y Gomorras. Justamente ese no ser tiempo ni su contrario, ese no ser lugar de entrada o salida, ese no determinar ni dejarse determinar, son lo que le convierten en nihilismo.
3. El nihilismo no se ve afectado ni afecta a la moral, los valores, las ideas, la política, la sociedad, o a cualquier otro ente humano o humanizable. El nihilismo nada tiene que ver con nada.
4. El nihilismo no guarda relación alguna con dioses o demonios, con el Absoluto y el Vacío, la Totalidad y la Carencia, el Cosmos y el Caos.
5. Que no pueda definirse el nihilismo de forma positiva no por ello nos indica que pueda recurrirse a la vía negativa. Positividad o negatividad nada tienen que ver con el nihilismo.
6. No hay topología ni cronología del nihilismo, o mejor dicho, topología y cronología nada tienen que ver con el nihilismo.
7. Obviamente, el nihilismo es el caso.